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Crónicas de Café - René Olivares

"EL CAFÉ CÓSMICO"

El café, sentado en mesa, es un acto colectivo. Porque el brebaje que ofrece no es para borrarse, puesto que despierta los sentidos; contiene alguna esperanza en la humanidad. Por último, si nos vamos a hundir, será en compañía…

El pintor René Olivares, residente en París, vio las imágenes de Santiago en los noticiarios de la televisión francesa y necesitó venir. A sentir, hablar y estar con otros. Por los cafés de los barrios Lastarria y Bellas Artes vino a asomarse al Chile del futuro, y en los manteles de papel del Café Mosqueto comenzó a dibujar un país que, a pesar de todo, se abre al cosmos. Habitado por perfiles, caras, orejas y miradas, conectadas al espacio exterior.

Por estas mismas calles anduvieron, un siglo atrás, los hermanos del Grupo de los X, creadores de algo que llamaron “criollismo cósmico”.

Para vivir con los pies en la tierra y la cabeza escrutando lejanos planetas: ¿De allá vinimos? ¿Volveremos?

Pedro Prado, el fundador de los X, escribió en un poema que señala el camino: “Florezco en la soledad, como el espino”. Aunque también le cantó a los hermanos pintores, a los hermanos músicos, a los hermanos escultores, a los que se encontraban en los cafés, los teatros, las exposiciones. Era un tiempo de búsquedas, que, incluso, llevará a Prado a redactor unas “Bases para un Nuevo Gobierno y un Nuevo Parlamento”.

Gabriela Mistral, su amiga, vivía el mismo ritmo; solitaria entre sus cerros, pero de pronto se arrancaba a la bahía de Coquimbo a sumergirse en el bullicio portuario del gentío.

Sístole y diástole, contracción y dilatación, soledad y amistad.

René Olivares lo vive en este barrio, en estos meses; salió de su soledad parisina y se vino a estar con otros, entre el vacío de la plaza y el lleno de La Moneda.

En medio, el Santa Lucía. En los años ’30 del siglo pasado, un cacique escogido venía al blanco edificio del poder, portador de denuncias y demandas. En soledad, al amanecer, se cargaba de energía en el cerro. Lo iba rodeando, tocaba las piedras de poder, las hojas de las plantas propicias, aspiraba lento el aire fresco de rocío, purificándose. Luego, con el ajetreo del día, portador de energías terrestres, encaminaba sus pasos hacia La Moneda, para hablar en nombre de los suyos.

Hablar no es hablar, solamente. También es oír, asomarse al otro. René Olivares vino a practicar ese rito antiguo, a oír a la ciudad y adentrarse en sus habitantes para llenarnos los ojos con imágenes cósmicas. Nos da un respiro, esa mirada que es de adentro – Olivares es de aquí-, pero que viene de afuera; es el ritmo de nuevo, el latido, adentro y afuera, aquí y allá, en soledad como el espino o con otros en el café.

Criollismo cósmico decían Los X, a propósito de ese encuentro de la tierra cercana con los mundos lejanos; “Folklore Celeste”, lo bautizó Olivares.

Texto curado por Michel Laborde.

 

 

“Al dibujar en los cafés salgo a pasear por lugares insólitos,
lleno de recuerdos insospechados;
sensaciones venidas del más allá,
recuerdos ajenos y otros recuerdos que creí perdidos o no vividos...
pero siento una profunda e inexplicable nostalgia.
somos extraterrestres y una vez convertidos en polvonautas
llegamos a este presente cargados de vivencias extrañas,
de paisajes soñados y muertes que fueron olvidos fugaces de amantes lejanos; aventuras y amores que vinieron hasta nosotros en códigos secretos,
alianzas inesperadas, coincidencias inexplicables”.
“La memoria no se alimenta solo del recuerdo, sino también de la imaginación;
Tenemos que recuperar la imaginación como posibilidad de un porvenir mejor”.

 

René Olivares